Es casi un privilegio el saberse alejado del bullucio de las playas y los centros comerciales, al abrigo de bosques de pinos y rodeado de majestuosas montañas. Se llega al Hotel Las Tirajanas despues de un bonito paseo en coche a lo largo del Barranco de Tirajana, disfrutando de vistas imponentes, y acantilados imposibles, jardines de palmeras salpicados de casitas blancas de tejados rojos. Casi esperariamos que el tiempo se detuviera una vez atravesamos las puertas y las vistas nos sobrecogen. Un restaurante acristalado, calidamente decorado con abrumadoras vistas, una pequeña chimenea rodeada de butacones y sofas donde sentarse disfrutar de una bebida caliente y por supuesto, el silencio.
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